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5 noviembre, 2009

Cambio climático y energías renovables: una nueva burbuja financiera

Filed under: Artículos — Horace @ 9:13 PM

 

Este artículo quizá no esté alineado totalmente con los contenidos habituales del blog. Pero si con el espíritu. Si con el espíritu de hablar claro y decir las cosas como son.

Un amigo con mucha experiencia, sentido común y buen hacer me lo manda para que reflexione sobre el. Lo publico con su autorización y el debido agradecimiento. ¡Muchas gracias Ignacio!

 

 

Publicado originalmente en Julio/2009

Burbujas especulativas se han producido a lo largo de la historia en multitud de ocasiones. En los últimos 10 años, hemos sufrido el estallido de dos importantes hechos en el mundo financiero y en la economía global: la burbuja de las compañías tecnológicas (año 2000/2001) y la burbuja del sector inmobiliario (año 2007/2008) –fechas aproximadas de estallido según países-.

Definamos burbuja como sobrevaloración de activos (acciones, precios de vivienda, etc.) respecto a los ingresos reales generados (empresas, renta personal, etc.). Así se sobrevaloraron las acciones de las empresas punto.com si consideramos su volumen de ventas y no digamos beneficios. De la misma forma se sobrevaloraron precios de la vivienda en relación a la renta per cápita. ¡Todos decíamos como puede crecer tanto el valor de una casa si con mis ingresos no puede pagarla ni en 50 años! La sicología de los mercados influye siempre decisivamente en estos procesos: el sistema se retroalimenta, la gente compra, el precio sube, los bancos dan dinero, los analistas recomiendan, se vuelve a comprar y así sucesivamente. El papel del sistema financiero privado y público es lógicamente fundamental en todo este proceso como facilitador del dinero. Ya está más que comentado su papel y sus consecuencias –el crédito fácil de alto riesgo, los derivados, la irresponsabilidad de los reguladores-; veremos la huella que deja.

Repasemos algunos hechos de los últimos años sobre la nueva corriente de pensamiento del siglo XXI: el cambio climático y las medidas correctoras de los principales gobiernos de los países ricos.

  • Se bendice por parte del mundo científico la teoría del cambio climático, la influencia del Hombre en el mismo y sus consecuencias para la Humanidad, fundamentado en hechos constatados y en modelos de simulación y predictivos (véase protocolo Kioto, etc.).
  • El juego político entra en juego y la globalización también: el espíritu verde pasa a ser prioritario a la hora de asignar recursos económicos por los gobiernos, en la educación a todos los niveles (colegios, universidades), con los impuestos y gravámenes de casi todas las actividades económicas, en la industria y política energética y en el mensaje de las grandes corporaciones.
  • Nadie se atreve a cuantificar las verdaderas magnitudes económicas de las medidas anti-cambio climático, porque la supervivencia y el bienestar de las generaciones venideras está en juego, se dice. Todo se justifica a cualquier precio y el largo plazo puede con todo. Se habla de horizontes temporales –a 20/30 años vista- en los que un porcentaje determinado de la producción de energía deberá provenir de energías limpias.
  • Sostenibilidad es la palabra clave de políticos y empresas enfocadas en lo “verde”. El objetivo es desarrollo sostenible como modelo de crecimiento y bienestar pero preservando el medio ambiente y sin impacto en el clima.
  • Y finalmente las grandes corporaciones y otros lobbies entran en juego para hacerse con los grandes proyectos relacionados con el cambio climático y las energías renovables. La legislación marca el paso y ya tenemos creado un nuevo sector de actividad regulado y subvencionado. Yo lo llamo el “sector cuaternario” siguiendo el orden dado por los economistas a las actividades de una economía.

Veamos ahora qué entramado empresarial-político se está creando. Con un ejemplo elemental y sin entrar en cifras -trabajo pendiente para documentar más este texto- vemos una explicación de la situación.

La iniciativa de plantas fotovoltaicas Ocaña energías renovables SL requiere una inversión de 100 para su proyecto con una vida útil de 25 años (se establece incluso que al final de su vida sigue teniendo un valor residual a efectos de calcular su retorno sobre la inversión –la TIR para los entendidos). El proyecto está sustentado en un real decreto que da seguridad jurídica a la iniciativa en precio (se subvenciona el precio de venta de la electricidad generada con un 500%), en tiempo (carácter no retroactivo) y en una venta asegurada (las distribuidoras están obligadas a comprar la electricidad). Con unos números rápidos (costes de mantenimiento mínimos, casi sin personal, seguros) la rentabilidad del proyecto (TIR) es espectacular con cifras de más del 14% y sin riesgo. Único problema, se requieren una altas inversiones y el periodo de recuperación del capital es de más de 8 años. Se acude a la banca y la solución es inmediata: financiación externa, la máxima posible y la banca acepta sin problemas (como no dado el carácter “público y verde” del proyecto). El apalancamiento es finalmente del 95%, se financia hasta el iva de las inversiones. Es decir nadie pone un duro –excepto los bancos- y ahí están cientos o miles de millones euros de inversión en renovables.

Los accionistas de Ocaña energías renovables SL se ponen en marcha y montan una incubadora de negocio de renovables. Se ponen en contacto con un especialista en levantar capital, montan una presentación brillante en “powerpoint” y muchos pequeños inversores se adhieren con pequeñas participaciones para desarrollar multitud de plantas solares al calor de la legislación vigente. Ya tenemos Ocaña Solar SA con un potencial de inversión de 10.000, matriz de una conglomerado de sociedades y todo ello con financiación bancaria y fondo propios pero de pequeños accionistas terceros que religiosamente han pagado su parte de inversión y la correspondiente comisión de gestión a la incubadora –véase el símil con las inmobiliarios en la venta de pisos-. Por otro lado, dos de los accionistas fundadores deciden dar entrada a un fondo de capital riesgo y dan el “pase” de su vida. En otros casos, fondos de inversión son creados para capitalizar estas iniciativas; unos cuantos miles de pequeños ahorradores han comprado directa o indirectamente estos productos, aconsejados por su asesor, experto sub-director de la banca comercial que tiene como objetivo captar inversión a través de determinados productos estructurados (el mundo financiero protagonista de la situación actual).

Y en paralelo las grandes corporaciones de la industria eléctrica, construcción y otros sectores se ponen en marcha. Pero ellos van a lo grande desde el principio: proyectos de inversión de 100.000 cada uno, se crean directamente sociedades dedicadas IberRenovables SA, la banca entra en juego con grandes proyectos de Corporate Finance, se hacen las correspondientes OPVs –se da por tanto el correspondiente “pase” por los socios fundadores-, los pequeños inversores y fondos compran en bolsa y entramos de nuevo en el puro mundo de los mercados financieros.

Los informes científicos fluyen por doquier para ratificar el gravísimo problema del calentamiento global, los grandes males que nos acechan si no se toman medidas y la bondad de las energías renovables. Hasta a reputados políticos les conceden el premio Nobel por su aportación a la Humanidad con videos y labores de divulgación sobre cambio climático y su impacto.

Se siguen suscribiendo por los gobiernos planes a largo de plazo de reducciones de emisiones y uso de energías limpias hasta cifras casi del 100%, y cada gobierno se “apunta al carro” de esta corriente de una forma o de otra porque no es aceptable políticamente quedarse fuera de esta ola de lo “verde”. Las cifras de inversión/gasto se salen de lo manejable.

Mientras tanto en el mundo siguen muriéndose centenares de personas de hambre, enfermedades y en horribles conflictos bélicos propios de la edad prehistórica (niños, mujeres y pueblos enteros) y casi nadie se pronuncia ni se atreve a actuar con la contundencia del movimiento verde. Una reflexión: el cambio climático ha creado muchos intereses económicos nuevos (y justifica muchos puestos de trabajo a políticos), es decir hay un retorno económico directo; el problema hambre y guerra en países subdesarrollados no genera este retorno.

Pasa el tiempo, el nuevo orden “verde” se retroalimenta con nuevos acuerdos políticos y consecuentemente se desarrollan nuevas regulaciones en los diferentes subsectores de la industria (automoción, construcción, transporte, agricultura, etc.) incrementando los costes y el gasto de gobiernos y empresas. Todos suponemos que por el bien futuro de Humanidad.

Surge asimismo una nueva industria de fabricación de equipos y materiales para las energías renovables (placas solares, generadores, hélices, etc.). El sector “cuaternario” genera empleo y dinamismo económico.

Entre tanto surge algún vaivén en los marcos legales de la energía renovables que cambian la prima –subvención- eléctrica y podría variar la rentabilidad de los proyectos; puede que algún gobierno esté viendo que no le salen los números y es poco popular subir más los impuestos y la tarifa eléctrica al consumidor en los tiempos que corren. Pero las eficiencias existen, y también disminuyen los costes de inversión (más fabricación, más economías de escala, menores costes de producción), mejoran los rendimientos energéticos de las plantas y se alargan las vidas útiles. Resultado: la TIR se mantiene en niveles aceptables y siguen obteniéndose rentabilidades del 12% a 25/30 años.

Sigue por tanto la retro-alimentación del sistema: todo el mundo está confortable con el nuevo sector. Accionistas, científicos, inversores, bancos y gobiernos. El sistema regulado da sus frutos y da la estabilidad necesaria para que se siga invirtiendo; ojo, sin poner un duro porque el malabarismo financiero lo permite. Además se genera empleo y el programa “verde”, presente en todos los compromisos electorales, da votos y está asumido el enfoque político y social sin discusión alguna. Ministerios, funcionarios y organismos internacionales se han creado ex proceso para sustentar lo “verde”.

No sé si es sumable el gasto de todo lo “verde” en toda su extensión. Sin embargo sí que está claro quién gana y quién pierde por ahora. Ganan por un lado muchos políticos –en el poder o no- que justifican su trabajo y como lamentablemente pasa hacen lo que sea por seguir en su silla. Y por otro los grandes lobbies e inversores con capacidad de montar grandes iniciativas, sacarlas a bolsa y lucrarse en el sector más subvencionado del presente y del futuro. Pierden por un lado los consumidores y ciudadanos que dedican sus impuestos directos e indirectos a sufragar este plan “verde”, y por otro lado son auténticos perdedores los olvidados países subdesarrollados que siguen sin ser una prioridad en este orden mundial. Esta la hipocresía de muchos de los gobiernos y políticos actuales: queremos salvar el futuro de la Humanidad y en el presente “aceptamos” el hambre, la pobreza y las guerras como algo intrínseco de cualquier país sin desarrollo. Esto es solidaridad.

Aparte de esta reflexión geopolítica y social del impacto del movimiento “verde” actual, el objeto de mi reflexión en este texto es la nueva burbuja que está creando. Imaginemos si por cualquier razón se desmotase el fundamento de este movimiento verde (por ejemplo se acaba el calentamiento de la tierra porque entramos en un periodo de glaciación, o cualquier otra motivación científico-política) o las principales economías decidiesen simplemente que no se puede seguir dedicando recursos públicos a este sector por razones nada improbables en la actualidad (el endeudamiento público ilimitado no es viable, hay que dar prioridad a otros sectores). Las consecuencias del extraordinario apalancamiento financiero del entramado empresarial podría ser devastador para la economía. Alguien debería escribir más sobre este tema y movilizarse.

Una última petición a nuestros gobernantes y políticos: pongamos una nueva pauta de trabajo más racional, paulatina y equilibrada, escuchando a otras corrientes científicas (la influencia del hombre en el cambio climático no está probada y menos sus consecuencias) y políticas (resolvamos los problemas de hoy en el mundo: hambre, subdesarrollo, educación, etc).

 

Ignacio Pérez Echagüe

 

 

 

 

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3 comentarios »

  1. Este artículo es malísimo, mal escrito, mediocre y mal documentado.

    Comentario por Pedro Martinez — 3 enero, 2010 @ 10:50 PM

  2. Este tío no tiene ni idea de lo que habla. No entiendo como pueden ustedes publicar este tipo de artículos sin contrastar la información. Vaya basura!

    Comentario por Alberto mau — 6 enero, 2010 @ 12:07 PM

  3. ¿Como crees que funciona el sistema capitalista machote? Si ideas otro sistema mejor para acabar con el hambre de la humanidad dínoslo ¿vale? Mientras tanto vamos a dejar que se creer “burbujas” para que algunos puedan comer…

    Comentario por Susana — 8 abril, 2011 @ 9:26 PM


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